Gonzalo y Collado marcan el ritmo del 2028
El regreso de Gonzalo Castillo y el fenómeno de David Collado reavivan la lucha entre estructura, poder e imagen rumbo al 2028.
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Por:
- Carlos Lara,
- Redacción Desde la Fuente,
Gonzalo y Collado marcan el ritmo del 2028
El regreso de Gonzalo Castillo y el fenómeno de David Collado reavivan la lucha entre estructura, poder e imagen rumbo al 2028.
Por Carlo Lara
Santo Domingo, RD.- La política dominicana comienza a mover sus fichas rumbo al 2028, y las encuestas ya dejan una señal preocupante: los partidos tradicionales siguen apostando a figuras conocidas mientras el país continúa esperando propuestas profundas que conecten con las verdaderas necesidades de la población.

En el caso del Partido de la Liberación Dominicana, el dato más llamativo es el resurgir político de Gonzalo Castillo, quien encabeza cómodamente las preferencias internas con 48.3 %, duplicando prácticamente a Abel Martínez, que alcanza 25.3 %. Más atrás aparecen figuras históricas del peledeísmo como Francisco Javier García, Margarita Cedeño, Francisco Domínguez Brito y Charlie Mariotti, todos con números prácticamente simbólicos.

El resultado confirma dos realidades incómodas para el PLD. La primera es que, pese al desgaste acumulado tras años de poder y múltiples cuestionamientos, Gonzalo Castillo sigue siendo el dirigente con mayor capacidad de movilización interna. La segunda, aún más delicada, es que el partido luce atrapado en el pasado, dependiendo nuevamente de figuras asociadas a una etapa política que gran parte de la sociedad creyó superada.
El PLD no enfrenta únicamente un problema electoral; enfrenta una crisis de identidad. La organización parece no haber entendido completamente el mensaje que recibió en las urnas en 2020. Mientras el país demanda renovación, cercanía y oposición firme frente a los problemas cotidianos, el partido continúa enfrascado en liderazgos reciclados, estructuras internas agotadas y una narrativa política desconectada de la calle.
Aun así, el dato de Gonzalo Castillo tiene una lectura política importante: dentro del PLD no existe hoy otro liderazgo con fuerza suficiente para desplazarlo. Eso explica por qué, incluso después de años de bajo perfil, sigue dominando ampliamente la preferencia interna. El problema es que una cosa es liderar un partido y otra muy distinta reconquistar la confianza de un electorado nacional que todavía asocia al PLD con arrogancia política, desconexión social y desgaste institucional.
Mientras tanto, en el Partido Revolucionario Moderno, David Collado se consolida como el candidato natural del oficialismo. Su 61.8 % de apoyo interno no solo aplasta a Carolina Mejía y al resto de aspirantes, sino que confirma que el PRM ya tiene definido, aunque no oficialmente, al dirigente con mayor capacidad electoral de cara al 2028.

Collado ha sabido construir una imagen eficiente, moderada y mediáticamente rentable. Su gestión en Turismo y su presencia constante en escenarios internacionales le han permitido proyectarse como una figura menos confrontativa y más comercialmente vendible para un electorado cansado de la agresividad política tradicional. Además, lidera el ranking nacional de imagen positiva con 60.8 %, convirtiéndose en el político mejor valorado del momento.
Pero detrás de esos números también existe un riesgo para el PRM. Cuando un liderazgo crece tan aceleradamente dentro de un partido oficialista, inevitablemente comienzan las tensiones internas, las resistencias silenciosas y las luchas de poder. Las declaraciones de Hipólito Mejía defendiendo la voluntad de las bases reflejan que sectores importantes del perremeísmo observan con preocupación el ascenso arrollador de Collado y el desplazamiento político de otros grupos tradicionales.
La realidad es que ni el PRM ni el PLD tienen garantizado el futuro. El oficialismo conserva ventaja en simpatía partidaria con 30.4 %, mientras el PLD y la Fuerza del Pueblo prácticamente empatan. Eso demuestra que el tablero político sigue abierto y que el 2028 podría convertirse en una de las elecciones más competitivas de los últimos años.
Lo preocupante es que, hasta ahora, el debate parece centrarse más en nombres, estructuras y estrategias electorales que en ideas concretas para enfrentar la inseguridad, el alto costo de la vida, la crisis educativa o el deterioro de los servicios públicos. La política dominicana vuelve a girar alrededor de figuras y no necesariamente alrededor de soluciones.

Periodista, especialista en comunicación estratégica, relaciones públicas (RR.PP) para la educación y redes sociales.

