Caos vial: El Costo humano y social del problema del tránsito en RD
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Por:
- Carlos Lara,
- Redacción Desde la Fuente,
Caos vial: El Costo humano y social del problema del tránsito en RD
Autora: Yajahira De La Cruz Mesa (cristiana, mujer negra, escritora, feminista y defensora de Derechos Humanos)
Uno de los monstruos que azota a los dominicanos es el desorden en el tránsito. Durante años especialistas teorizan, el pueblo maldice, la oposición especula y los diferentes gobiernos dan palos al aire a ver si le pegan el golpe maestro al problema de los tapones, principalmente en el Distrito Nacional. Y aun nada significativo pasa en el sector transporte que represente un verdadero avance en la lucha contra el incremento en los accidentes de tránsitos, la agresión a los peatones y contra los kilométricos entaponamientos que cada día nos roban horas de nuestras vidas.
Lo cierto es que a medida que pasan los años se ha vuelto más caótico transitar por el gran Santo Domingo y sus comunidades aledañas; generando, indudablemente, pérdida económica, deteriorando la salud en diversas direcciones (física, mental, etc.), contaminando la ciudad con los gases de escape, con los desechos sólidos, la contaminación acústica y visual, degenerando las relaciones sociales y el vínculo con los espacios públicos tan necesario para la vida.
Al igual que los otros problemas fundamentales que tiene República Dominicana, como el de educación, salud, transparencia pública, etc. El problema de los tapones no se resuelve con un deseo fantástico sacado de una lámpara, moviendo una varita, chocando los tacones o repitiendo palabras mágicas. Fuera de la literatura nada se resuelve así, para sorpresa de políticos y tomadores de decisiones.
Es necesario un paquete de medidas integrales que involucren a diversos sectores, adecuado a los tiempos y respondiendo a la naturaleza de nuestro territorio y cultura, que tenga como objetivo el bienestar de las personas y el respeto al medio ambiente, que trascienda los intereses políticos- partidarios del gobierno de turno y que no se convierta en otra plataforma de estafa al Estado dominicano.
Solo por mencionar algunas posibles iniciativas, República Dominicana necesita jóvenes que salgan del preuniversitario sabiendo conducir y conociendo la ley No. 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial de la República Dominicana y con licencia en mano; así como también, miembros de la DGCET formados, comprometidos con su labor, que sepan de violencia en los espacios públicos, que tengan herramientas para mediar y que tengan perspectiva de género; calles en buen estado, vías correctamente señalizadas e iluminadas, transporte colectivo en buen estado con nuevas rutas, inversión público-privada en las provincias del interior que frene la movilidad hacia el centro estimulando el desarrollo provincial, la promoción del teletrabajo, recuperar y reparar las aceras para promover el desplazamiento a pie en trayectos cortos, acciones estratégicas y conscientes para amortiguar el calor como impulsor del desplazamiento a pie, capacitación obligatoria para los choferes de transporte público, sanciones reales para las infracciones de tránsito, parqueaderos comunes con facilidad de pago gerenciados por el Estado cerca de las estaciones de metro y de las principales rutas de autobuses y de una vez terminar con esas multas inventadas.
Quien asuma este reto probablemente no sea el más popular, pero a su tiempo sabremos reconocer el gran aporte al país. Pero si de tiempo en tiempo se toma una medida, sola, unilateral podrá tener, cuando menos, efectos momentáneos, pero nada permanente y sustentable como necesitamos.
Los tapones nos están tragando. La adquisición de un vehículo como símbolo de estatus, la resistencia de las empresas e instituciones públicas y privadas a la doble tanda y el teletrabajo, las imprudencias de los conductores, la falta de transporte colectivo seguro, la ausencia de nuevas tecnologías y programas estratégicos en el ordenamiento del tránsito, el secuestro de los espacios públicos, la ausencia de carriles para ciclistas y la inseguridad en los puentes peatonales son solo algunas dolencias que hacen que esta situación parezca una enfermedad incurable y terminal, pero hasta el cáncer tratado a tiempo tiene cura.
No se trata de implementar una idea hoy y otra dos años después cuando el tema se pone de moda para ver qué pasa o para argumentar frente a la oposición en períodos electorales . Se necesita de una estrategia sostenible, con diversos componentes y que contenga las tres escalas (corto, mediano y largo plazo), cuya implementación sea intersectorial para que todas y todos tengamos que responsabilizarnos desde nuestras posiciones, conscientes que igualmente los beneficios serán una cosecha colectiva con la que se puede hacer un país mejor.

Periodista, especialista en comunicación estratégica, relaciones públicas (RR.PP) para la educación y redes sociales.

