lun. Feb 24th, 2020

Crápula indignante. Quienes duden que entre opositores hay corruptos están más despistados que cualquier guiñol africano.


Por:  José Báez Guerrero

Quienes duden que entre opositores hay tantos corruptos como en el gobierno están más despistados que cualquier guiñol africano. Políticos ambiciosos deberían cultivar amistades virtuosas que contribuyan al éxito.

Pero inexplicablemente partidos grandes y chiquitos insisten en darle cancha abierta a cierta crápula indignante.

En 2002, del parqueo donde narcos allegados suyos se mataron a tiros, salían funcionarios orondos hacia su despacho palaciego; aparte del notorio desprestigio, la única consecuencia fue perder su visa estadounidense. ¡Todavía siguen carpeteando! Requeridos por la Justicia por presuntos delitos escapan a procesos o condenas, sin reivindicar inocencia ni honorabilidad.

Cuando la opinión pública importa, porque los partidos eligen líderes democráticamente sin impune secuestro de organismos directivos, cualquier escándalo judicial provoca repulsión del inculpado para evitar embarres colectivos.

Aquí corruptos, prevaricadores, delincuentes, abusadores sexuales, deudores dolosos o incumplidores inveterados, cuentan con flagrante solidaridad de compañeros partidistas.

Chantajistas y quintas columnas, sin mínima credibilidad, logran inmerecida vigencia mediática. Sin ninguna de las virtudes de Richelieu o Mazarino, promueven, como émulos perversos, infamias y difamaciones contra adversarios. ¡Azarosos!